Ruleta rusa

Como en recepción le habían dicho que no entrase hasta que el piloto se pusiera verde, Jota esperó obedientemente en la puerta con el casco en una mano y los pedidos en la otra. «Menos mal que el sushi no se enfría», pensó al cabo de un rato, después de examinar las fotos que empapelaban el vestíbulo.
Cuando la luz por fin se encendió y alguien abrió por dentro, Jota entró en el plató C y se encontró con un aula antigua, llena de pupitres de madera oscura y cuarteada. Por un lado, riéndose y pegando gritos, salían en tromba…

Del diario de Edward Rochester

En el Día del Libro, un homenaje a un clásico.

Cuando desperté, todo era oscuridad, sed y dolor, un dolor infinito que me recorría el cuerpo y me lo partía en dos, sin piedad, como el rayo que, cierta noche, partió el castaño de Thornfield Hall, ese lugar que ya no existe.
Tampoco existía yo, o apenas: solo era una sombra fugaz en las colinas, una piedra pulverizada por la rueda de un carruaje. Hacía mucho que me había abandonado y dejado morir; y a punto estuve de conseguirlo, de convertirme en una lápida más de las que tapizan la…

Cuando haces pop

¡Orgullo friki! Un relato de humor para aligerar tanto drama.

Tenía que haberlo sospechado desde el tercer café que se tomaron juntos, cuando le cambió el nombre diciéndole que José Vicente era demasiado serio, que le pegaba más Chevi. Pero no, él no oyó la señal de alarma, ni siquiera cuando un mes después empezó a notar que Fanzio hablaba con la ayuda de eslóganes publicitarios, como si fueran muletas. ¿Qué se podía esperar de alguien que soltaba varios «piensa en verde» a lo largo de una reunión, repetía «porque yo lo valgo» cada vez que sacaba un bollo de…

Guadalupe

Una versión libre, muy libre, de Hansel y Gretel.

Zoilo llegó al cortijo de madrugada, sin comida, exhausto, magullado y con las botas y los pies destrozados. Pese a la luz de la luna, que iluminaba bastante bien el camino, se había caído varias veces y se había golpeado brazos y piernas, y en una ocasión hasta la cara, contra las piedras. Le había costado levantarse. Sus reflejos ya no eran lo que habían sido; tampoco su vista: hacía ya algunos años que lo veía todo entre brumas, con una capa blanquecina que le recordaba a la nieve de enero…

A crol

Una minimuestra de literatura experimental para desayunar, comer o cenar. Este relato también es un reto: no encontrarás ni un solo punto hasta el final.
Me ajusto el gorro y las gafas, me toco la nariz y compruebo por última vez que el bañador está en su sitio —ese pequeño ritual, ya automático, sin el que no podría lanzarme a la piscina—, me encojo, me estiro rápidamente, con un movimiento explosivo, y entro en el agua con fuerza y, sin embargo, suavidad: un, dos, tres, saco la cabeza a la derecha; un, dos, tres, la saco a la izquierda; un…