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Cuando haces pop

¡Orgullo friki! Un relato de humor para aligerar tanto drama.

Tenía que haberlo sospechado desde el tercer café que se tomaron juntos, cuando le cambió el nombre diciéndole que José Vicente era demasiado serio, que le pegaba más Chevi. Pero no, él no oyó la señal de alarma, ni siquiera cuando un mes después empezó a notar que Fanzio hablaba con la ayuda de eslóganes publicitarios, como si fueran muletas. ¿Qué se podía esperar de alguien que soltaba varios «piensa en verde» a lo largo de una reunión, repetía «porque yo lo valgo» cada vez que sacaba un bollo de…

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Guadalupe

Una versión libre, muy libre, de Hansel y Gretel.

Zoilo llegó al cortijo de madrugada, sin comida, exhausto, magullado y con las botas y los pies destrozados. Pese a la luz de la luna, que iluminaba bastante bien el camino, se había caído varias veces y se había golpeado brazos y piernas, y en una ocasión hasta la cara, contra las piedras. Le había costado levantarse. Sus reflejos ya no eran lo que habían sido; tampoco su vista: hacía ya algunos años que lo veía todo entre brumas, con una capa blanquecina que le recordaba a la nieve de enero…

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A crol

Una minimuestra de literatura experimental para desayunar, comer o cenar. Este relato también es un reto: no encontrarás ni un solo punto hasta el final.
Me ajusto el gorro y las gafas, me toco la nariz y compruebo por última vez que el bañador está en su sitio —ese pequeño ritual, ya automático, sin el que no podría lanzarme a la piscina—, me encojo, me estiro rápidamente, con un movimiento explosivo, y entro en el agua con fuerza y, sin embargo, suavidad: un, dos, tres, saco la cabeza a la derecha; un, dos, tres, la saco a la izquierda; un…

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Torremolinos, 2010

Gracias por el premio al Colectivo Manuel J. Peláez: es un honor figurar en un libro que incluye microrrelatos tan buenos.
Seguía atrapado allí dentro, cada vez más débil, contando los días, las horas, los minutos, los segundos. Sin saber qué hacer, aparte de repasar, como las cuentas de un rosario, todo lo que le había conducido sin remedio hasta ese instante: aquel apartamento de playa, la crisis y la caída de los precios…

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Cuando haces pop

¡Orgullo friki! Un relato de humor para aligerar tanto drama.

Tenía que haberlo sospechado desde el tercer café que se tomaron juntos, cuando le cambió el nombre diciéndole que José Vicente era demasiado serio, que le pegaba más Chevi. Pero no, él no oyó la señal de alarma, ni siquiera cuando un mes después empezó a notar que Fanzio hablaba con la ayuda de eslóganes publicitarios, como si fueran muletas. ¿Qué se podía esperar de alguien que soltaba varios «piensa en verde» a lo largo de una reunión, repetía «porque yo lo valgo» cada vez que sacaba un bollo de…

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Guadalupe

Una versión libre, muy libre, de Hansel y Gretel.

Zoilo llegó al cortijo de madrugada, sin comida, exhausto, magullado y con las botas y los pies destrozados. Pese a la luz de la luna, que iluminaba bastante bien el camino, se había caído varias veces y se había golpeado brazos y piernas, y en una ocasión hasta la cara, contra las piedras. Le había costado levantarse. Sus reflejos ya no eran lo que habían sido; tampoco su vista: hacía ya algunos años que lo veía todo entre brumas, con una capa blanquecina que le recordaba a la nieve de enero…

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A crol

Una minimuestra de literatura experimental para desayunar, comer o cenar. Este relato también es un reto: no encontrarás ni un solo punto hasta el final.
Me ajusto el gorro y las gafas, me toco la nariz y compruebo por última vez que el bañador está en su sitio —ese pequeño ritual, ya automático, sin el que no podría lanzarme a la piscina—, me encojo, me estiro rápidamente, con un movimiento explosivo, y entro en el agua con fuerza y, sin embargo, suavidad: un, dos, tres, saco la cabeza a la derecha; un, dos, tres, la saco a la izquierda; un…

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Torremolinos, 2010

Gracias por el premio al Colectivo Manuel J. Peláez: es un honor figurar en un libro que incluye microrrelatos tan buenos.
Seguía atrapado allí dentro, cada vez más débil, contando los días, las horas, los minutos, los segundos. Sin saber qué hacer, aparte de repasar, como las cuentas de un rosario, todo lo que le había conducido sin remedio hasta ese instante: aquel apartamento de playa, la crisis y la caída de los precios…

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